Cardos en flor

Cuando la tarde se alborota de rojo y en el horizonte cabe toda la sangre del universo, algo va a dar con su enorme filo directo al alma, rasgando el dorso de la mano donde apretada yace la nostalgia.
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Si tuviera que disectar los dias, cortar y desarmar las horas, meter mis dedos entre todos los segundos que llevo amontonados encima, me pregunto que encontraria, que es lo que quedaria, que huella, que marca se adhiere al alma, de donde viene la fortaleza, el coraje, el valor de abrazar el mismo baile una y otra vez con la misma dedicacion.
Mis dias van entre lo complejo y lo incomprensible, el capricho que acompana a la ciencia dicen. Y si tuviera que esparcir alrededor todas las horas que me lleva aceptar mi ignorancia, diria que no son pocas. Girar y girar con el deseo infinito de pillarse la cola, mascarla y desenvolver toda la venganza acumulada. Yo diria que mejor seria abrir la ventana y tirar todo lo que sobra con una sonrisa tremenda, ya de plano aceptar el castigo y devolver todos los favores, que curiosidad tremenda!. Entonces me iria todo el dia a revolver los caminos, a esperar las tardes con la elegancia que corresponde. Por fin seria un cardo mas esperando el momento exacto para elevar mis plegarias.
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Y alli me quedo..., detenido en un momento, atrapado en un segundo en que un par de ojos verdes cruzan rasgando mi alma, recuerdos..., y todo se condensa en una lagrima imaginaria rodando por la garganta, el sabor amargo de la nostalgia, el desosiego que causa el desalojo de la memoria, esa conviccion de saberse bendecido con lo inusual, lo exotico, la flor colgada en el precipicio del mundo. Y me preguntaba que queda de las horas, queda sino el arrullo de otras epocas, otros tiempos, otras horas en que fuimos angeles iluminados, queda el amor, nunca se va hacia el olvido, queda como un ariete de sangre y nostalgia, una nave tremenda encallada entre el silencio, alli quedan amontonadas las horas, una manada de mariposas salvajes, un tesoro transparente acumulado entre la memoria elusiva. Como un pirata en su isla solitaria hundo mis manos en mi riqueza imaginaria, la pobreza del alma no es del que no tiene, es del que no siente...
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La certeza que viene con un paso adelante es una ilusion, una metafora descarnada del destino. Hojas de otono sentenciadas a alguna brisa pasajera, con ese nuestro designio de cigarra eterea, que nos queda sino la espera desesperada de aquellas horas brillantes, aquellos momentos elusivos en que nuestra alma realmente nos habla, aquellos instantes gloriosos que redimen el dia...
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